Cuerpo, Herida

Esta línea de trabajo supone una aproximación a la parte más física, primitiva, en tanto que origen del ser humano.  El cuerpo entendido como territorio, frontera entre nosotros y el entorno. Nuestra forma de estar en el mundo pasa inevitablemente por la percepción, donde los sentidos se erigen como guardianes. 

El vello de punta y el sudor frío se manifiestan como alarma, mientras que, la herida, el rojo, la sangre, lo fluido, se convierten en elementos que conforman un imaginario en torno a la vulnerabilidad, al peligro, pero, también al sacrificio, al rito, a lo misterioso.

Una sabiduría latente que nos interpela como un eco lejano, que busca conectar con nuestra animalidad humana que yace adormecida por el sometimiento de un ritmo impuesto alejado del tiempo natural.

 

Bajo este marco conceptual, se han desarrollado las siguientes obras :

 

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Cartografías La piel como barrera, como última frontera, es el elemento que delimita la interioridad y exterioridad. A través de ella percibimos los agentes exteriores que nos interpelan a través del cuerpo, y se traducen en estímulos que nos recorren de arriba a abajo. Esta dualidad entre lo exterior- interior y visible-no visible, se plasma en las siguientes imágenes que toman la piel como escenario, y, a modo de cartografía, nos presenta la piel herida, atravesada. La serie correspondiente con la parte exterior muestra ese ataque, el elemento punzante que se erige en actitud defensiva, casi intimidatoria. Al otro lado, podemos vislumbrar el entramado de hilos que conectan cada aguja.

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Guardianes De la oscuridad nace una luz que toma forma, entre humana y animal, podemos discernir una figura que se asemeja a las representaciones primitivas. A modo de guardianes, se presentan estas fotografías que nos interpelan sobre lo primitivo, lo originario que habita nuestro cuerpo que permanece latente, y , sin embargo, como una sombra nos acompaña en cada paso.

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Impulso El rojo como símbolo de la sangre, del dolor y de la vida, nos retrotrae a la animalidad. La búsqueda de nuestro «Yo primitivo» se esconde tras estas imágenes. El arquetipo de la sombra representa, según la psicología analítica de Carl Jung, el «lado oscuro» de nuestra personalidad. Se trata de un submundo convulso de nuestra psique donde se contiene lo más primitivo, los instintos más reprimidos y ese «yo desautorizado» que la mente consciente rechaza y que sumergimos en los abismos más profundos de nuestro ser. La sombra aparece representada como un gesto, una búsqueda, la necesidad del tacto. En definitiva, el rastro de la existencia se hace visible a través de la imagen distorsionada del cuerpo por su propia condición de sombra, como las primeras representaciones en la piedra de las cavernas, nos hacen conscientes del tiempo, y de ese otro lado que nos acompaña a cada paso.

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Reconstrucción Reconstrucción es una serie de imágenes en las que aparece el cuerpo fragmentado, casi diseccionado, como un objeto de estudio que ha sido intervenido para mostrar las cicatrices que no se ven a simple vista.

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Reliquias Esta serie de imágenes en cajas de madera acompañadas de distintos elementos como huesos, plumas, o, tierra, hacen referencia a nuestra condición material vinculada a la propia naturaleza temporal de nuestro ser. Tierra, plumas, pigmento, ramas ... sustancias de la naturaleza que aparecen como resto, que conforman el paisaje que nos rodea, que antes servían a otro propósito se muestran aisladas en estas cajas, a modo de colección y conserva de un tiempo pasado.