La obra artística de Beatriz Díaz, supone una aproximación consciente al territorio de lo desconocido. Una puesta en valor de todos aquellos procesos mentales que influyen en la construcción de la identidad individual donde el mundo de la imaginación, la fantasía, los miedos, y, los recuerdos, actúan como puntos de reflexión para acercarnos al misterio de la naturaleza humana, interesándose por lo que queda fuera, el exceso, la ceguera, el inconsciente, que, juntos, suponen el desbordamiento de la mirada. 
 

El lenguaje de estos elementos es inaccesible a la razón y a nuestra forma de entendimiento, es por ello, que su representación y percepción, supone un reto que incita a la experimentación con materiales y nuevas formas de interacción. Esta nueva lengua tiene más que ver con el ritmo de un mantra, un idioma universal: primitivo, originario, mágico... Una cuestión rítmica que liga la respiración con el universo. Ritmo y repetición.
 

La conjugación de estos elementos representa una sensibilidad que hoy no tiene cabida, la cual se enfrenta a un mundo que ha perdido el ritmo. Encontramos en estas obras un acercamiento a la experiencia de lo desconocido donde presencia y evanescencia se unen en un alegato a favor del tiempo y la persistencia en el intento infinito por descubrir lo velado. Siendo la tensión entre cuerpo, mirada y, memoria, como un gran banco de niebla donde nuestra percepción se abre paso a tientas. Dejando como única posibilidad un gran salto al vacío, la creación como respuesta. El gesto de crear se erige como una luz, que da refugio a la sombra y no permite ver más allá de su irradiación, aquel que decide adentrarse en lo oculto, siempre corre el riesgo de perderse.

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